"Y así llegaron los cuatro ciegos al palacio del rajá, que era por fuera
como un castillo, y por dentro ocmo una caja de piedras preciosas,
lleno todos de cojines y de colgaduras, y el techo bordado, y las
paredes con florones de esmeraldas y zafiros, y las sillas de marfil y
de oro. - Venimos señor rajá, a que nos deje ver con nuestras manos, que
son los ojos de los pobres ciegos, como es de figura un elefante manso.
- LOs ciegos son santos- dijo el rajá- los hombres que desean saber son
santos: los hombres deben aprenderlo todo por sí mismos, y no creer sin
preguntar, ni hablar sin entender, ni pensar como esclavos lo que les
mandan pensar otros: vayan los cuatro ciegos a ver con sus manos el
elefante manso. Echaron a correr los cuatro, como si les hubiera vuelto
de repente la vista: uno cayó de nariz sobre las gradas del trono del
rajá; otro dio tan recio contra la pared, que cayó sentado; los otros
dos, con los brazos abiertos, se quedaron de repente abrazados. El
secretario del rajá los llevó a donde el elefante manso estaba,
comiéndose su ración de treinta y nueve tortas de arroz y quince de
maíz, en una fuente de plata con el pie de ébano; y cada ciego se echó,
cuando el secretario dijo - ¡ahora!- encima del elefante. Uno se le
abrazó por una pata; el otro se le prendió a la trompa, y subía en el
aire y bajaba, sin quererla soltar; el otro le sujetaba la cola y el
otro tenía agarrad un asa de la fuente del arroz y el maíz. - Ya sé -
decía el de la pata - el elefante es alto y redondo, como una torre que
se mueve. - ¡No es verdad! - decía el de la trompa - el elefante es
largo, y acaba en pico, como un embudo de carne - ¡Falso!- decía el de
la cola - el elefante es como un badajo de campana.- Todos se equivocan;
el elefante es de figura de anillo y no se mueve - decía el del asa de
la fuente. Y así son los hombres, que cada uno cree que solo lo que él
piensa y ve es la verdad, y dice en verso y en prosa que no se debe
creer sino lo que que él cree, lo mismo que los cuatro ciegos del
elefante, cuando lo que se ha de hacer es estudiar con cariño lo que los
hombres han pensado y hecho, y eso da un gusto grande, que es ver que
todos los hombres tienen las mismas penas, y la historia igual, y el
mismo amor, y que el mundo es un templo hermoso, donde caban en paz los
hombres todos de la Tierra, porque todos han querido conocer la verdad, y
han escrito en sus libros que es útil ser bueno, y han padecido y
peleado por ser libres, libres en su tierra, libres en el pensamiento."
José Martí, Un paseo por la Tierra de los anamitas, fragmento.
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